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 De donde vino la sed, nació el sediento.

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-Bastet-

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MensajeTema: De donde vino la sed, nació el sediento.   Dom Mar 27, 2016 3:58 pm

Hace cuatro mil años


Hacía aproximadamente ocho horas antes, Enkidu... había muerto.

Hacía aproximadamente cuatro horas antes, la perra... gata en celo que había sido Bastet-Sejmet, la asesina de Enkidu, había sido ajusticiada.

...Por él mismo, Harald Paddra Ballad.

Harald Paddra Ballad yacía tumbado bocaabajo sobre su real lecho en sus reales aposentos. En la intimidad de sus aposentos, el rey de Babilonia podía permitirse el lujo de... frustrarse. Frustrarse porque había alcanzado la gloria, una vez más, pero no la saboreaba. ¿Es que acaso no encontraría regocijo ni paz tras la muerte de su verdugo? Enkidu... ¡Enkidu! Oh, Enkidu. Su amistad más querida, ¡su otra mitad! Nunca, nunca encontraría a nadie que fuera como él había sido. ¡Nadie! ¡Y por la tierra, el mar y los cielos, que en aquel momento parecía que jamás encontraría ya a nadie a quien amar en este mundo, ni en el siguiente!

En su mente retumbaron aquellas palabras que pronunció con solemnidad, justo antes de vengar a Enkidu. Justo antes de destruir al mismísmo Cometa Galáctico NOVA con el arma capaz de rasgar la tierra, los mares y los cielos.

Citación :
''Me arrepiento si quiera el haberme planteado aceptar tu propuesta por las buenas... Me arrepiento muchísimo haberme tragado esa fachada la primera vez... ... Pero ya puedo verlo. Puedo verlo en tus ojos y en tu expresión.''

''Pues tu, Bastet-Sejmet, eres igual a todas esas alimañas que habitan entre las Sombras''
''... Así que permiteme que te devuelva a donde te corresponde...''


Maldita fuera... maldita fuera esa diosa. esa diosa... ¡Efectivamente! ¡Cómo tan siquiera pudo haberse planteado aceptar la propuesta! Se había vengado de ella y había vengado a Enkidu, había destruido el avatar de la diosa y forzado su reencarnación. Y pese a todo... ¡¿por qué se sentía aún peor que antes?!

La hubo oído perfectamente. Como la Diosa, en el último segundo, antes de que Harald pudiera destruir el cometa, formulaba su deseo. Podría haber ganado. Podría haber obtenido su preciado trofeo, podría haberle sometido por hoy y por siempre. Y sin embargo... sin embargo la diosa no pidió que Harald le amase. En el último momento, en el último segundo, al borde de la muerte, al borde de la derrota, no pidió a NOVA que preservase su cuerpo. No pidió a NOVA que le otorgase y sometiese el corazón y cuerpo de Harald a su voluntad. No...


Citación :
"...No... no dejes... que muera... Cof cof... ¡No dejes que Harald muera aquí!"

Golpeó con furia la colcha de su lujosa cama. ¿¡Por qué!? ¡¿Por qué había hecho eso?! ¡¡Después de todas las molestias que se hubo tomado para cumplir su apestoso deseo, después de todo el daño que le había causado, ¡¿por qué pidió ese en el último momento!? Harald Ballad creía en el valor y el significado de las acciones. Sabía, sentía y creía que eran el reflejo del alma. Él nunca se arrepentía de sus acciones, puesto que para él era como renegar de sí mismo a través de las acciones que hubo cometido. Y sin embargo, se hubo arrepentido de tragarse esos elogios y adulaciones, se había arrepentido de plantearse aceptar semejante propuesta. ¡¡Había renegado de sí mismo, maldita fuera!! ¡¡Y la diosa...!! ¡¡La diosa también había hecho lo mismo!! ¡¿O es que acaso no había pedido a Nova ese deseo extraño, de que Harald Paddra Ballad no se muriera con la explosión!?

No había sido por la seguridad de su cuerpo. La diosa bien podría haberle revivido con sus poderes, pues los dioses egipcios eran unos expertos en ello. Bien podría haberlo hecho ella misma, bien podría haberselo pedido a alguno de sus petulantes secuaces. Entonces... ¿¡por qué!? ¡¿Por qué, maldita fuera?!

...Sumido en estas cabilaciones y aquel mal de espíritu y de corazón, Harald Paddra Ballad no oyó o no quiso oir a aquellos matones entrar en su habitación... Repentinamente una mano le agarró de la boca, para impedirle gritar y otras dos de los brazos, que se los ataron, y otras dos de las piernas, que las inmovilizaron. Una vez atado, lo violaron levantaron de rodillas sobre la cama y sujetaron de los hombros, dejándole la boca libre. Nunca les prestó atención a sus siervos así que no les reconoció, pero pudo distinguir los ropajes de sus propios soldados.

"...Traidores. Perros traidores."

Su peor pesadilla, la de una traición de su propia gente, aquello que enfrentó asesinando a su propio tío antes de que éste le asesinara a él, había regresado. El tercer individuo, con el uniforme de uno de los magos de la corte, sacó una bolsita, como un incensiario. "¿Estás seguro de que funcionará?" preguntó el soldado, a lo que el mago respondió levantando el dedo índice y pidiendo silencio. "...Listo. Sus poderes mágicos, o cualquier protección o alarma mágica que pudiera haber en este recinto, han sido silenciados. No podrá usar su magia en esta habitación. Nadie puede, mientras arda mi incienso." aseguró. "Así que por favor, date prisa."

...El soldado sonrió.

"¡Muerte al Rey de Héroes! ¡Muerte a Babilonia, larga vida al Imperio Precursor de Palamecia y a su nuevo Emperador!"

...Y alzó la cimitarra dispuesto a cortarle el cuello a su antiguo rey.

//Inmovilizado//
//Sin armas//
//Silenciado mágicamente//
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Harald Ballad
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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Dom Mar 27, 2016 6:15 pm

Su cansancio era absoluto, mas aún que el enfado que le había arrastrado a esta situación, mas aún que la rabia que llevo a cometer los actos que cometió..., ... mas allá que la tristeza que invadía su corazón... ... Estaba fatigado, extenuado, incapaz de saborear o disfrutar de una venganza mas que merecida, ante aquella que había destrozado toda su existencia. Pues Harald lo tenia claro. Lo tuvo claro desde el primer momento, al ver a Enkidu entre sus brazos, derrotado y asesinado, que su vida desde ese instante, ya no tendría ningún significado. ¿Como encontrar placer en algo sin sentido? ¿Como levantar la cabeza, si no tenia nada digno de ser visto? Su amigo... su único amigo, compañero, rival, hermano, camarada, aliado... Su... Su igual... La sola persona, que podía equipararse, no a su grandeza, ni a su poder, ni a su fuerza, ni a su carisma y gracia... Pues nada de ello importaba. Solo había que mirarle ahora, tirado en esa cama de sabanas rotas, y madera despedazada, que aun con todo, se hallaba mas entero de lo que él estaba. No tenia mas lagrimas que derramar, ni mas animo para gritar. Al parpadear, y ver el reflejo de los demás muebles, el pensamiento de levantarse y arrasar con aquella habitación, con aquel palacio, y todo cuanto hubiese vivo en él, se le hacia atractiva, ... y al mismo tiempo repulsiva. Repulsiva y fatigante... Inútil... Inútil... Inútil... ... Como seguir viviendo un día mas.


Esa gata malnacida, y su creído razonamiento divino, siempre usaron como motivo el amor que él detentaba por Enkidu. Tal vez jamas lo dijo en alto, pero ellos dos lo tuvieron claro, desde la primera mirada que Bastet les lanzo, con ese recelo, con esa mala intención ensombrecida en una faz y cuerpo bellos... ... ¡Ja! Y le hacia gracia. De manera cruel y triste, pero le hacia gracia. No sonreía, ni reía, pero a su carcomida alma, le hacia carcajear.

¿Amor? ¿Amor carnal? Él, Harald Paddra Ballad, Rey de Babylonia, había amado a muchas mujeres a lo largo de su vida. Podría haber amado a esa podrida leona en celo si las circunstancias hubiesen sido otras. Podría haber cortejado a docenas de princesas, a centenares de vírgenes de todas las regiones de su nación, y haberlas tomado como mujeres por el resto de su vida. Podría haber tenido todo eso, y mas. ... ... Y aun así, Enkidu nunca, JAMAS, habría sido sustituido. Pues el apego que sentía hacia su individuo, hacia la autentica criatura que yacía bajo toda esa arcilla moldeada... Era la misma adoración que la de amarse a uno mismo. No como algo superficial, no como una mera fascinación externa. ... ... Si no como toda una identidad. Todo cuanto él era. Todo cuanto lo que representaba ya no su titulo, si no su autentico y solo nombre, era reflejado en Enkidu, y la vida que ambos cargaban.

... Un nombre. Una vida. Una maldita existencia...

Que ahora tenia que soportar con sus propios hombros.

...

...



Y no lo deseaba.


No quería ese sufrimiento. No quería tener que actuar como Harald nunca mas. No quería servir de Rey. No quería servir de Gobernante para esos malditos mestizos que jamas marcaron ninguna diferencia. No quería... No quería... ... No queria seguir vivo. Aborrecía esta idea... de no tener... a nadie mas... al que acudir...

De tener que ver...

Los años pasar...

Las arrugas... las canas... el tiempo cebándose con su cuerpo, su vida, su mente...

... Solo.

Totalmente solo.



... ... ...


Por eso ya hasta sonreía. No de una manera agraciada, hermosa, o digna de alguien como él. No... No... Con los dientes marcados, mordiéndose los labios, en una muestra contenida de toda la rabia que aun bullía en su interior, ... Harald recibió a esos hombres. A esos traidores que bastante tardaron en aparecer. Y que con cuerdas ataron sus brazos, y con simple fuerza bruta inmovilizaron el resto de su cuerpo y palabras. Se molestó a mascullar un simple insulto, por dejar al menos un poco de su viejo yo en aquella circunstancia... pero nada mas. No se resistió, ni siquiera un poco. De hecho, continuo con la sonrisa. Abriendo los ojos todo lo que pudo, peor no por distinguir a esos insignificantes hombres entre la oscuridad. Si no por mirar la cimitarra que alzaron al aire.

"¡Muerte al Rey de Héroes! ¡Muerte a Babilonia, larga vida al Imperio Precursor de Palamecia y a su nuevo Emperador!"

Palamecia... ... ... Hah... Durante años, él y Enkidu realizaron todo el esfuerzo mas allá de lo humano, por apartar esa ridícula guerra de sus fronteras... ... ¿Y así es como pretendían pagárselo? ¿Trayendo los alegatos de un perturbado hombre como aquel Emperador? ... ... ¿Pero de que le sorprendía? Todo ese mundo era una locura. Y recién ahora comenzaba a entenderlo. Recién ahora, al fin de todas las cosas, lograba percibir lo Inútil que era cada ser vivo que caminaba sobre la tierra, cada hombre que se creía dueño de su propio destino, cada Divinad que estimaba justo su mandato, ... cada segundo que transcurría... Cada grano de arena en su propio destino.

Le habían arrebatado a la única persona que le trajo libertad y bienestar. La única criatura de todo el cosmos, de todas las eras, de todas las estrellas habidas y por haber... Que le habría rebatido cada uno de sus actuales pensamientos.

... Pero en solitario. El mundo era un culmen de inutilidades. Tanto o mas que él.

Y si muriendo, podía dejar de ver todo cuanto pudiese suceder

Todo sufrimiento que le llegase.

... Que así fuese.

Él, Harald Paddra Ballad. Rey de Héroes. Rey del Reino de Babylonia. Moriría junto a su Reino.

No tenia nada de lo que arrepentirse.

... Solo, de haber tenido que existir para verlo.


''... Hazlo.'' Se atrevió a mascullar, sacudiendo un poco la cabeza, con tal de apartar esa mano que trataba de callar sus palabras. ''¡Hazlo!'' Insisto, abriendo aun mas los ojos. Enrojeciendolos. Haciéndolos brillar en esa rojez fulgurante que solo ahora comenzaba a despertar. ''Si de verdad crees en lo que predicas. Si de verdad estas dispuesto a hacer lo que ningun otro hombre vivo ha logrado jamas... Hazlo.''


''Baja tu mano de mestizo.''
''Y cesga el ultimo aliento de tu unico amo y señor.''
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-Aurel Lucard-

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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Dom Mar 27, 2016 6:56 pm

Ya desde el momento en que Harald le miró y empezó a hablar, el soldado empezó a temblar, cada vez más ante aquellas palabras, y ante a aquella mirada totalmente seria e intimidadora, hasta el punto de que se hizo pis encima. "¡A-a-aah...! ¡No puedo hacerlo!" y le pasó la espada a otro soldado. "¡Hazlo! ¡Hazlo ya antes de que nos maldiga a todos! ¡¿Has visto sus ojos?! ¡¡Son los ojos de un demonio!! ¡¡Un maldito demonio y nos matará a todos!!"

El otro guardia recibió la cimitarra y le miró como si estuviera loco. Se encogió de hombros, levantó la cimitarra, la bajó y... se paró en el aire. De repente, se cayó hacia atrás en el suelo. De la ventana salieron varios hombres, con túnicas rojas, capuchas y máscaras blancas bajo las mismas. Éstos acabaron con una hoja oculta con los soldados antes de que pudieran reaccionar, y de un disparo con el mago antes de que pudiera formular un hechizo.

Los hombres agarraron a Harald con brusquedad e impertinencia para tratarse de un rey, y le empujaron a moverse y salir de la habitación. Aquello era gracioso. Esos necios, fueran quiens fueran, se estaban condenando a la muerte a sí mismos al salir de la habitación silenciada, pues Harald Paddra Ballad ya pudo sentir su magia de nuevo en el momento justo en que salieron de la habitación, empujándolo por el pasillo. No realizó acción ofensiva ninguna, no obstante, y le llevaron directamente a la sala del trono. Allí, le tiraron como a perro sobre el suelo.

"Hum, esas no son foarmas de tratar a un rey." les regañó un hombre, uno de los tres que tenía enfrente, mirándole fijamente. El único que no tenía una de esas túnicas y capuchas. El hombre llevaba unas ropas muy diferentes, de otra región, y tenía una acento peculiar, norteño, tal vez de las lejanas Montañas Iceberg. Llevaba así mismo un largo abrigo negro de una moda parecida a la de los atlantes, 'moderna' la llamaban. "Tenéis delante al Rey de Babilonia, y a alguien capaff de matar a los diases. Un hombre que podrría acabar con vhosotros en un abrirr y cerrarr de ojos." el hombre les miró entonces con el rabillo del ojo. "...Fuerra de aquí. Antes de que os mate yo mismo."

Observó meticulosamente con los ojos muy atentos a Harald Ballad, con mucha curiosidad, y ladeó la cabeza buscando encontrar sus ojos con los de él, que yacía con la cabeza gacha. Las otras dos figuras, los otros dos hombres encapuchados que permanecían en silencio detrás de él, parecían estar haciendo exactamente lo mismo. El hombre se llevó las manos a los bolsillos del abrigo.





"...Manteneos quieto, alteza, por favhor. No queremos problemas. Hemos venido a parlamentarr."
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Harald Ballad
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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Dom Mar 27, 2016 8:58 pm

Puso una mueca de asco al ver como el inútil que tenia delante se orinaba encima, ... aunque de nuevo, no sorprendiéndole en lo mas mínimo. ¿Quienes si no auténticos cobardes inconscientes, se atreverían a desobedecer las leyes que Harald Ballad marco? Mas todavia, de irrumpir de esa manera en su habitación, de atarle, de amenazarle, de... ... Pero en fin, ¿Que importaba? Para su gozo, el otro traidor tomó las riendas de la situación, mucho mas dispuesto que su compañero a dar fin a aquella farsa. Y a sabiendas de que en esta ocasión no habrían mas pausas, mas titubeos, o mas tonterías que le quitasen la poca honra que le restaba a su muerte... el Rey de Héroes cerro los ojos, bajo la cabeza, y sonrió. Ya no enrabiado, ni colérico... ... Si no tranquilo. Puede que hasta un poco feliz. Gustoso con la idea, de que tal vez, en el mas allá, pudiese reunirse con su amigo y reírse junto a él de todo este desastre. De continuar adelante, aunque fuese en las profundidades del abismo. ... De hallar compañía... en la dulce muerte...

...

...

...


''... ¿Uh?'' ... Pero el sonido de carne siendo perforada, de gruñidos moribundos y de sorpresa, y hasta de un disparo que paso sobre su hombro, sacaron de la calma a Harald, y no siendo para menos, pues nada mas abrir los ojos, y encontrarse a sus ejecutores muertos, con esos otros hombres encapuchados justo delante... No supo en que demonios pensar. ''... ...'' No se esperaba algo como eso. Imaginaba que eran muchos los que deseaban verle muerto, mas todavia, tras haber destruido el templo de una Diosa tan querida como Bastet-Sejmet, y cegado la vida de todos sus habitantes y fieles cercanos. ... Sin embargo, ¿Esto? ¿Mestizos matándose los unos a los otros para clavar sus espadas en él? ''... ... Ja... Jaja... ¡Jajajaa...!'' ... Pensamiento que le hizo bastante gracia. Tanta, que ni siquiera cuando le agarraron con semejante brusquedad, arrastrándole por el pasillo, tirando de él, Harald no solo no reacciono ni respondió, si no que continuo riéndose. No subiendo mucho el volumen, no llegando a las plenas carcajadas que tanto le gustaba a soltar. Solo... eso. Una risa triste, pero divertida en su amargura. Pues ya sin esperar nada con sentido de lo que acontecía a su alrededor, el Rey de Héroes solo podía opinar...

''Este mundo no deja de demostrar su inutilidad...''




La sala del trono. La sala de SU trono. Ahí se dignaron a llevarle y tirarle, dejándolo caer en el suelo, que a esas horas, se sentía tan frió y gélido... ... Aunque no tanto como el aire que se respiraba. Siendo eso lo primero de lo que Harald se percato, antes incluso de oír las voces de aquel individuo, y ver las figuras de esos tres hombres que ahora tenia delante. Dos de ellos, encapuchados, embutidos con una larga túnica roja. Mientras que el otro, aquel que imaginaba que le había hablado, con ese tono tan... molesto... un hombre de pelo negro, piel pálida, pálida, muy pálida... y ropajes negros, que no hacían mas que intensificar esa blancura de su piel.

''... ...''

Sin embargo, por mas que una parte muy profunda de él, aquella destinada a los instintos y a las impresiones, saltase con curiosidad por querer desmontar la escena y encontrarse significado... Todo lo demás en su interior, solo le motivaba a mantener la cabeza baja, con su mueca irónica y ensombrecida. Respiración callada. Movimientos quietos. Interesado solo en esperar. En aguardar a ver cuales eran los argumentos en esta ocasión... Unos que comenzaron en ese hombre de negro, que se le aproximo y miro, inspeccionándolo, a base de miradas irritantes, que mas llamaban sus instintos a responder. ... Pero Harald aguardaba. Quería aguardar. Por una vez en su vida. Deseaba aguardar. Y lo hizo con tanto silencio, tanta quietud...


"...Manteneos quieto, alteza, por favhor. No queremos problemas. Hemos venido a parlamentarr."


... Que las palabras que el extraño dijo resonaron en sus orejas por varios segundos después de ser dichas. Como un eco, que se repetía, y repetía, y repetía. Rebotando contra sus pensamientos. Contra sus sentimientos encontrados. Y por ultimo, contra su humor. ... ... ... Llegando al limite de la risa.

Porque ya valía la pena entender nada.


''¡Jajaja! ¡AJA AJA JAJAJ! ¡¡AJ AAJAJJAJAJA AJAJAJ!!''


Esta tampoco fue una risa como las que acostumbraba a soltar. Fue sonora, estridente, y muy, muy intensa. ... Tal vez hasta demasiado. Dando lugar a que su cuerpo se retorciese primero hacia adelante, encogiéndose, pegando la cabeza contra el suelo, e inmediatamente después, en una tensa sacudida, echándose hacia atrás de tal manera, que si no se hizo crujir la espalda, fue porque sus propios brazos atados se lo impidieron. Quedando así, en esa ultima postura. Cabeza estirada, cabellos desordenados cubriendo su cara, y mueca hilarante, furiosa, afligida, angustiada, e incomprensiva bien marcada en su boca, en sus labios, en sus dientes...

... Hasta que de golpe estos se apretaron.

Y Harald hecho hacia adelante todo cuanto tenia.





¿Cuantos círculos de luz podían verse rodeando la Sala? ¿60? ¿80? ¿100? ¿200? Costaba contarlos, creando una esfera perfecta alrededor de aquellos hombres, pero también, alrededor Harald. Y por supuesto, nada mas clavar su mirada enrojecida en el paliducho de enfrente, de cada circulo emergió la punta de un arma. Espadas, lanzas, cuchillos, mazas, hachas, guadañas... De todo un poco. Por haber, podían distinguirse bocas de cañón, morros de armas de fuego... Photron, entre otras piezas, que por su forma y color, costaba describir o catalogar. Aunque lo importante no era su apariencia, si no cuanto daño podían hacer si eran disparadas todas a la vez.

¿Serian capaces de esos tan creídos mestizos de bloquear, esquivar, o contrarrestarlas todas?

¿Serian capaces de aguantar cada arma, clavando, cortando, o disparando sus sucias carnes?


¿Serian capaces de seguir molestando y confundiendo su presencia?


... No lo sabia. No lo sabia, y en realidad, le daba lo mismo. Pues hasta el ojo menos avizor se daría cuenta de que pese a su aspecto amenazante, los círculos de los que sobresalía cada arma, parpadeaban. Suave, pero reconociblemente. Como una bombilla fallando, a nada de apagarse y agotarse. Lo cual no seria para nada extraño... pues mas allá del sufrimiento psicológico al que había sido sometido, los varios combates que tuvo aquel día, unido a la explosión de NOVA, y al uso excesivo de Ea, habían dejado a su cuerpo, y sobretodo, sus reservas mágicas, casi a mínimos. ... ... Pero eso no le hacia menos peligroso. Si lograba disparar unas cuantas armas antes de que los círculos se desactivasen. ... Debería bastar para matar a todos en esa habitación...

... ... ..

Incluyendole a él.

''... Dame... un... motivo...'' Comenzó a murmurar, palabra por palabra, letra por letra. ''Uno solo... Un único, y maldito motivo... Estúpido... mestizo...'' Continuo, a veces, reduciendo su tono, tomando bocanadas de aire mayores, dejando ver lo cansado que se le hacia mantener activos tantos portales en ese estado. ''... ... Para no derribar toda esta sala sobre nuestras cabezas...'' ... Una amenaza que tomo forma, al empezar varios de los círculos a darse la vuelta, apuntando no a los encapuchados, no al individuo pálido, ... si no a los pilares de las paredes. Pilares tallados de roca maciza, que en condiciones normales deberían aguantar golpes y explosiones de todo tipo. ... Y que sin embargo, a manos de Harald, eran tan endebles como el papel. ''Y no te creas... mas de lo que eres... solo por verme... en este lamentable estado... ... Aun en mi punto mas bajo... aun al borde... del negro abismo... ¡Yo! ¡Harald... Paddra Ballad...! Soy mas grandioso de lo que ¡TU! ... Sucia alimaña... ¡SERAS JAMAS! ... ... Ajaja... ¡Jajaja...! Así que me da igual... Si nadie aquí tiene el coraje de asesinarme... ... Yo mismo lo haré. ¡Y os llevare a todos conmigo al agujero! ¡SI NO ME CONTESTÁIS!''

''¡¡¿QUE DEMONIOS QUERÉIS DE MI?!!''
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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Mar Mar 29, 2016 10:09 pm

"Porque hemos venido en son de paz a pedirte ayuda." dijo uno de los encapuchados.
"Porque te hemos salvado la vida, y por ello no dispararás. Estamos en paz." dijo el otro.
"Porque tú y yoa somos iguales." respondió el del abrigo con su marcado acento montañés.

Se acercó a Harald Ballad, se agachó y le miró a los ojos. Qué curioso era, que los de ambos eran rojos, aunque por razones muy diferentes. "Te arrevhataron a alguien imporrtante para tí. Lo perrdiste para siempre." se puso en pie y caminó hacia su espalda. Se agachó de nuevo, y comenzó a desatarlo. "Te vhengaste perro no fue suficiente. Te sientes vhacío. La angustia no te abandoana. La guerra y la sangre siemprre te asecharon, y ahorra se avhecinó de imprevistoa, y te ha dado cazffa, lo quisierras o no. Si fuerra por ti, prenderrías fuego a tu prropio puebloa y arderías con él."

"Por lo menos, esa es mi historria, y presumoa por lo que he oído que la tuya es parrecida." se puso en pie.

"Venimoas a pedirrte ayuda, Rey de Babilonia. Venimoas en son de paff. ¿Nos escucharás?"

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Harald Ballad
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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Jue Mar 31, 2016 8:13 pm

''¿En son de paz...?'' Murmuró ante la primera afirmación. ''¿Salvado la vida...?'' Repitió ante la segunda. ''¡¿Iguales, dices?!'' Gritó ante la tercera. Siendo entonces cuando su cuerpo entero soltó una brusca sacudida, agitándole los cabellos, las ropas, hasta el punto de que estas ultimas se agrietaron un poco, y su melena dorada se desordeno hacia los lados, endureciendo la mirada salvaje y colérica que el Rey de Héroes portaba. ''Yo no necesito paz... ¡Ni necesito que me salve la vida un trío de apestosos mestizos...! ¡Y MUCHO MENOS! ¡QUE SE DECLAREN A MI MISMO NIVEL! ... ... Yo... ¡Yo no tengo a nadie... a mi misma altura...! ... ... Ya no... ... ya no tengo a nadie... ... ni a nada...'' Sin embargo, tan pronto como la rabia le cegaba, tan pronto esta se apagaba, enfriada por los recuerdos que esas palabras traían a su cabeza. Las brillantes memorias de unos días que no parecieron tener fin. Que en su inocencia, tal vez hasta en su ego... creyeron eternos e imperecederos... ... Pero no lo eran. Nada lo era. La muerte de Enkidu, la muerte de su reino, la muerte de todo cuanto creía digno y justo... ¡Su propia muerte...! Ese mundo que ahora le obligaban a pisar, era tan absurdo que solo quería escupirlo. ¡Maldecirlo! ¡¡CONDENARLO AL MISMO DESTINO QUE A ÉL LE TOCO VIVIR!! Por eso deseaba disparar todas esas armas. Por eso deseaba reventar los pilares, derribar la sala, y con suerte, el palacio entero. Deleitarse en el pensamiento de pesadumbre que traería semejante destrucción en su nación y alrededores. ¡El caos que engendraría! ¡El caos que todos allí merecían!

''¡Hmph...!'' Los ojos de ese hombre eran como los suyos. O al menos, como lo fueron hasta hacia unas horas. Rojos, brillantes, e intensos, pero carentes de la rasgada pupila que se le marco al ver de frente los efectos de Ea. La realidad que le enseño. La espiral de discordia destructiva que rompía la realidad... ¿Era eso mismo en lo que se había convertido él? ¿Un mero...? ¿Aniquilador? ... ... ¿Pero en que otra cosa podía volverse si no? ¡¿Que otra opción tenia?! Viendo ese pozo carmesí, observaba su propio reflejo. El de un hombre cuyo rostro siempre fue joven y atractivo, ahora solo percibía la sombra de la perdida, del dolor, y del asco mundano. ¡¿Y que otro rostro iba a tener si no? Y notando como desataban sus manos, como quedaban libres, el único deseo que sentía era el de estrangular a alguien. ¡¿PERO QUE OTRA IDEA PODÍA TENER SI NO?!

''Alguien importante... perdido para siempre...''

Un amigo... un hermano... un padre... una madre... o hasta un hijo... Nada de eso era comparable. Ni siquiera el amor se equiparaba a lo que Enkidu dejo en su vida. Él, su igual, su único y autentico igual, fue como el espejo en el quería mirarse cada mañana. El testimonio, el recuerdo que quería que tuviesen de si mismo. Pues él... él era tan... ... tan... ... tan... ... ...




La fuerza de Enkidu era igual que la suya. Su resistencia. Su brío. Su afán por vivir y dejar una huella en el mundo. Por eso fueron compañeros, porque igualaban en deseos y metas. ... Y al mismo tiempo... porque se complementaban. Uno daba lo que al otro le faltaba. Lo que él otro, puede que por nacimiento, puede que por aprendizaje, puede que por simple destino, carecía. Y en su caso, desde que podía recordar, siempre sintió desapego hacia el mundo y su contenido. Deseos de poseerlo, dominarlo, tomarlo para su entretenimiento y disfrute. ... ... Pero nada mas. Era incapaz de amar nada. De quererlo realmente. ¡De apreciarlo! ¡DE RECORDARLO! ... ... Mientras que Enkidu... por pequeña que fuese la experiencia... la guardaba en su corazón de arcilla como si fuese su mayor tesoro. Tan libre de ambiciones materialistas, tan generoso, y desinteresado... Que durante años se negó a ser visto como su igual. Simplemente, quería que se le viese como la herramienta del Rey de Héroes. Su ancla. Para que compartiese su armonía con el resto... ... Incluso ahora. Incluso en este preciso instante, sentía que su muerte le valió de lección. Habiendo dejado un agujero en su interior, que ni al morir ninguno de sus familiares noto. ... Por primera vez, era consciente del sentimiento de perdida... de amar algo... que no podías volver a percibir... excepto en tus mas preciados recuerdos... ... ...

Y lo odiaba.

Odiaba... ese... injusto... destino...



''Bastet... Sus actos... ... Esta estúpida guerra...''


¿Fue este el precio de querer vivir ajeno a la realidad? ¿De no querer involucrarse en los asuntos de su propia raza? ¿De su propio planeta? ... Junto a Enkidu, protegió a los habitantes de Babylonia, de todas aquellas bestias que los Dioses y Photron liberaron por el mundo. También de los inconscientes reyes vecinos, que con pretextos de unión, y viejas glorias pasadas, trataban de conquistar su territorio, y volver a sus propias gentes contra él, como acababa de suceder hacia un momento. ... ... Pero sin su amigo, sin su juicio benevolente que le agarrase del brazo, que calmase su furia, y que hablase en nombre de lo moralmente correcto... ¿Que le quedaba? ¿Que le quedaba si no detenerlo todo...? ¿Con llamas, acero, y sangre?

¿Que le quedaba si no sacrificarse?

¿Que le quedaba...?

¿Que... le... quedaba...?



''... Humph...''


Podía matarlos a todos, a si mismo, y librarse de buscar respuesta a esas preguntas. O bien, podía matarlos, seguir viviendo, y hallar una contestación mientras continuaba su miserable existencia. ... O también... podía bajar sus armas, dejarlos vivir un poco mas, y deleitarse en la rabia que le producía seguir escuchando sandeces. Tres opciones. Tres posibilidades, que a la larga, resultaban igual de validas. ¿Pero hasta que punto? ¿Hasta que punto iba Harald a soportarlo? Levantándose del suelo, irguiendo hombros y espalda, ¿Toleraría sus creídas miradas? ¿Sus comentarios? ¿Sus simples existencias de mestizos? ''... ... ... Tsch...'' ... ¿Que otro remedio le quedaba si no?

''Habla..., extranjero.'' Ordenó, con la mirada puesta en sus propias muñecas, frotándolas con suavidad, haciéndolas crujir un poco. ''Escuchare todo lo que tengas que decir. Y no diré, haré, ni tomare juicio alguno hasta que termines. Expresa cuanto desees, toda locura idílica que pretendas vender, e insultos gratuitos que quieras lanzar. Tanto tu, como tus dos compañeros.'' Encapuchados a los que miro en un rápido vistazo, levantando la cabeza y mirada, pudiendo así verse... lo tensas que estaban sus pupilas. Tan marcadas, tan finas, tan afiladas... Que parecían una grieta negra en mitad de las llamas de su iris. ''... Pero en cuanto acabes. Cuando en esta gloriosa sala solo quede el eco de nuestras respiraciones. Yo, Rey de Babylonia, declarare mi sentencia. Pues este es mi Reino, mi hogar... Y esta habitación, en donde he gobernado y hecho acatar cada ley escrita a mi nombre. Leyes que no tomaran por distinción vuestra procedencia, vuestro origen, o ninguno de vuestros pasados actos. Yo os he dado la oportunidad de justificar vuestro crimen. ... Por el bien de vuestras miserables vidas, mas o vale entretener mi cansada presencia.'' Y con una ultima ojeada entrecerrada, el brazo de Harald se agito hacia un lado, provocando la desaparición inmediata de todos los círculos de luz, dejando como única iluminación al brillo de la Luna tras los ventanales, en su foco reluciente, que por irónico que pareciese, apuntaba a ellos cuatro. Tal y como si el astro girase en torno a esa conversación...
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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Jue Mayo 05, 2016 1:32 am

"Una insolente y superflua actitud, y una igualmente superflua e insolente demostración de fuerza, Harald Paddra Ballad, Rey de Héroes."


El primero de los encapuchados habló. Dio un paso alante. Se quitó la capucha. Se trataba del más alto de los tres extranjeros, un hombre corpulento y maduro, de voz poderosa, potente, orgullosa al igual que la fuerza y poder que transmitía.


"Mi nombre es Jeremiah Crawford, y pertenezco al Consejo de Ancianos de los Photron de Sacrum. Esto es, el Senado. El órgano político más importante de los Photron, por debajo única y exclusivamente del propio Emperador."

"Esta visita no es oficial."
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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Jue Mayo 05, 2016 1:37 am



"Todos los que estámos aquí, y dejo claro que os estoy incluyendo a vos, poseemos vastos poderes y poderosos artefactos, Alteza..." habló el segundo hombre entonces, echándose atrás la capucha para dejarse ver, si bien no se la quitó del todo. "Y, incluyendoos a vos, también somos ya lo bastante mayorcitos como para presumir de quién es el más fuerte, o quién podría matar a quién primero, o quién es el más digno o regenta más títulos. Ahorremonos las amenazas y las demostraciones de fuerza; el asunto que traemos aquí hoy es de importancia monumental. No es únicamente extranjero. No es ajeno a vos ni a vuestro reino, y ciertamente, haríais bien en escucharlo si algo de dignidad de héroe os queda, si es que vuestro título no es sólo para exhibirlo."

"Mi nombre es Marik, de los Ishtar, servidores del Equilibrio Universal. La Balanza.
Soy sacerdote del Templo Solar de Terrus, esto es, el Clero Photron de Ra, Dios Egipcio Solar."


"...Mi visita tampoco es oficial."
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-Aurel Lucard-

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MensajeTema: Re: De donde vino la sed, nació el sediento.   Jue Mayo 05, 2016 1:51 am



"¿Más grrandioso de lo que yoa o cualquiera de ellos pudiera llegar a serr jamás?"

"Eso son palabrras hirientes y heridas, Rey de Babilonia. Y también vacías."

"Todoa lo que suvhe acaba por bajarr, y todo lo que es grande se hace pequeñoa. Del mismo modo que lo pequeño se hace grande, y lo que más bajo que caído ha vuelve a subirr."

>>"Somoas partícipes de la Historia. La vhida sigue su currso, y como un río sigue también su ciclo. Diases, reyes y héroes se alzffan y acaban cayendo. Locos apocalípticos llaman a los que dicen que ni siquierra el universo es eterrno, y que todoa es y serrá Vacío. Y sin embargo, nadie cuestiona que se vhive y se muerre, porrque eso es lo que le da sentido a la propia vida. Soy un serr muerrto y no muerrto, un aberrante error en el ciclo, del que no escapan siquierra los diases. Pero todoa flor se marrchita, y todoa prolongación arrtificial de la vhida no es grrandiosa, sino aberrante. Como yoa, que soy un Vhampirro. Un monstruoa que se alimenta de la sangrre de aquellos que vhiven, y que con ese mismo acto les arrevhata la propia vhida."

"Actualmente, Alteza, os dirré no sois más grrande que yoa ni que ellos. Vhuestro cuerpoa vive, pero vuestra mente se niega a vhivir. Lo mismo que yoa, pero al contrarrio. No sois más grrande que yoa. Y no me prrovhoca placerr alguno inforrmaros de que afirmarr que jamás caerréis no os harrá suvhirr más alto. De hecho ni siquierra os harrá suvhir."
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